En JUSTMAD 2026, Galería de Arte Montsequi participa con una selección de seis artistas contemporáneos, articulando un diálogo en torno a las prácticas actuales de la pintura y la escultura. La propuesta invita a recorrer las tensiones y confluencias entre el proceso creativo individual y los discursos universales que estos abordan, entendiendo la obra como espacio de reflexión. Más que una exhibición, esta curaduría se plantea como un punto de encuentro: una oportunidad para integrar piezas significativas en trayectorias de coleccionismo en formación o consolidadas. La galería actúa así como mediadora en esa experiencia estética y patrimonial, facilitando el acceso a obras que condensan miradas singulares dentro del panorama artístico contemporáneo.
Blanca Vernis Domènech propone una poética urbana donde la arquitectura se convierte en ritmo: rascacielos esquemáticos y volúmenes densos emergen entre veladuras, raspados y una paleta de blancos, grises y negros atravesada por ocres y amarillos de atardecer. La materia deja huella y sugiere tiempo, memoria y atmósfera. En paralelo, la figura del músico —casi anónima— introduce el pulso humano: el saxofón dorado actúa como foco y metáfora de una voz que hace vibrar la ciudad.
Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona y dedicada a la pintura desde hace décadas. Mi obra explora la fusión entre el skyline de mi ciudad y el mar Mediterráneo, creo paisajes urbanos con un sello propio. Trabajo principalmente al óleo, incorporando técnicas mixtas y texturas con espátula que dan volumen y vitalidad a cada pieza.
Isabel Gutiérrez, artista visual madrileña.
Profesora de Arte y Comunicación Visual.
Estudios de Arte en la Art Student League de Nueva York.
Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid.
Autora de libros de texto de Educación Plástica y Visual.
Guionista de vídeos sobre Artes Visuales.
Trabaja en la creación plástica desde 1990, desarrollando su obra artística en sus estudios de Madrid y León y participando en numerosas exposiciones y Ferias de Arte en España y diferentes países de Europa.
Marta Romero de Cuenca nace en Madrid en 1972 y estudia Restauración de Obras de Arte y después de varios años trabajando como decoradora de interiores, a partir de 2006 decide dedicarse en exclusiva a su pasión que es la pintura.
Marta lleva muchos años mirando arrobada el agua, le atrae y le fascina ese mar que se encuentra siempre en continua evolución y que ejerce sobre nuestro espíritu un efecto sedante. “Mi objetivo es que la gente sienta paz cuando contempla una de mis obras”.
Gran parte de sus obras se encuentran en colecciones privadas, entre otras, en Madrid, Bruselas y Estados Unidos (Florida). También han sido adquiridas por diversas instituciones: Hotel Palacio de Luces (Asturias); Centro de Investigaciones Técnicas – CEIT (Guipuzcoa); KEYHELP - Consultoría (Madrid)
Marta ha participado en numerosas exposiciones tanto nacionales como internacionales, habiendo recibido recientemente el Diploma de artista relevante en el Osaka Art Show International Selections (OASIS 22) en Japón.
Artista plástico y visual que sigue los pasos de su padre, el pintor vallduixense Miguel Montesinos Valls, desarrolla su dedicación al paisaje participando en cientos de los concursos de pintura rápida al aire libre. Forja su aprendizaje en las Becas de Paisaje de Villarejo de Salvanés (Madrid, 2003), Pintores Pensionados Palacio de Quintanar (Segovia, 2003), Villa de Salobreña (Granada, 2004), Fundación Rodríguez Acosta, (Granada, 2004) y Tierra de san Xenxo (Pontevedra, 2005).
En esta serie, Miguel Carlos Montesinos aborda el bosque como una experiencia más que como una representación: la naturaleza aparece como un campo de fuerzas en tensión, donde la luz irrumpe en verticales casi físicas y la vegetación se construye a base de gestos rápidos, capas superpuestas y ráfagas de color. El camino apenas insinuado, actúa como eje de profundidad y de búsqueda, invitando a entrar en una atmósfera densa, húmeda, vibrante, en la que cada trazo parece registrar un pulso: viento, agua, sombra, respiración. La paleta de verdes, turquesas y negros, atravesada por claros intensos, convierte el paisaje en un umbral emocional; no se mira desde fuera, se atraviesa. Así, la pintura se vuelve un acto de inmersión: materia, energía y memoria del lugar reunidas en una misma vibración.
Escultor madrileño con raices abulenses, apasionado por transformar el acero en formas que transmiten emoción, historia y belleza. Su trabajo combina creatividad y una profunda conexión con el arte tridimensional.
Con un estilo y técnica que conjuran el equilibrio entre la fuerza del material y la sutileza de la expresión artistica, en una colección de esculturas únicas que nos transportan a nuestra infancia.
Su obra combina tres conceptos:
Originalidad: Piezas exclusivas elaboradas con dedicación.
Calidad: Materiales duraderos y técnicas de alto nivel.
Versatilidad: Esculturas adaptables a cualquier espacio y estilo.
Es licenciada en Historia del Arte y Bellas Artes por la Universidad de Salamanca desde 2004. C.A.P. 2005. Ha realizado los cursos del Doctorado "Situación del arte en el momento actual", bienio 2004- 2006, en la misma Universidad. En el 2006-07 reside como becaria en la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores .Ha cumplimentado su formación con estudios en el Conservatorio Profesional de Música de Salamanca (1988-2001) y la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy (1998-2001).“Master de Museografía y Gestión de Exposiciones” IART (Madrid). En esta muestra de Belén Cobaleda García-Bernalt, en sus cuadros la arquitectura aparece como un organismo en proceso: estructuras elevándose, andamios, grúas y veladuras que sugieren un “estado de obra” permanente. Sus composiciones, construidas con un dibujo incisivo y capas de materia, convierten el edificio en huella y en mapa: líneas técnicas, ritmos de fachada y transparencias que dejan ver lo que normalmente permanece oculto. La incorporación de óxidos —como una pátina viva— introduce el tiempo y la corrosión como lenguaje, tensando la frialdad del hormigón con una dimensión orgánica y casi táctil. Entre gamas industriales (grises, negros, blancos) y estallidos cromáticos (amarillos intensos, verdes esmeralda), Cobaleda desplaza la mirada del “resultado” al “proceso”: la ciudad no como postal, sino como devenir, cicatriz y transformación. Así, sus obras funcionan como metáforas del crecimiento contemporáneo, donde la promesa de lo nuevo convive con la fragilidad de lo inacabado.